Te deseo lo mejor, siempre 

El otro día leí algo que me llamó la atención. El artículo decía que hay cosas que no llegan a nuestra vida porque en realidad no las queremos, que envíamos señales contradictorias al universo y que no recibimos respuesta porque ni siquiera sabemos lo que estamos buscando. Hablamos con la boca pequeña, llenos de confusión y miedo. La coherencia no es un activo muy extendido y mentirnos nos sale mejor. Pensamos más en lo que creemos que debemos hacer que en lo que realmente queremos hacer. Me pareció algo sencillo e inteligente. Al final todo se reduce a saber qué quieres. Recomiendo empezar por saber qué no se quiere. Es más fácil. Por algún motivo, cuando te rindes ante eso, todo fluye, todo es más liviano. Aparece la calma que tanto ansiabas y que no encontrabas. Es un trabajo personal, unilateral y muy liberador. Porque si he aprendido algo es que no hay peor enemigo que uno mismo. 

Es por todo esto que llevo dos años muy buenos. Así lo siento yo. He escogido mi vida, yo la dirijo y yo soy la única responsable de ella. Decido qué cuento, a quién, cuándo y por qué. A quién veo y durante cuánto tiempo. Lo mismo que tú, imagino, la diferencia es que yo no te juzgo. Me gusta no necesitarte y querer verte. Y me gusta dejar de verte porque me taladras. Y no pasa nada, mañana será otro día. 

Ahora, por favor, leed con calma y sin acritud. Estáis en mi vida pero, a veces, sois un coñazo. Sois agotadores. Como yo, como todos. Sí, así es. Somos unos cansinos históricos con los demás en muchos momentos. Y lo curioso es que ni nos enteramos. Y el que diga lo contrario, miente. Me llamas exigente, claro. Siempre lo he sido. Pero es que quiero serlo, tengo derecho a serlo. Y tú, ¿no lo eres? Todos lo somos, lo que cambia son las exigencias y a quiénes se las hacemos. Hay cosas que algunos de vosotros reclamáis a la vida o a ciertas personas que ni entiendo ni comparto, pero son vuestras exigencias, no las mías. Y son tan respetables como las de cualquiera. Además, si tú necesitas eso para ser feliz, qué me importa a mí.

Espero que podáis entender todos que, a veces, necesito que corra el aire, porque me quedo sin energía, porque me aguanto yo, pero si somos multitud igual no puedo. Porque lo nuestro es un acto de libertad y generosidad. Porque nunca debe ser un esfuerzo. Yo estoy en tu vida porque no imagino la vida sin ti. Porque para mí sois una familia alternativa, y nunca del todo la mía. Y así debe ser, yo ya tengo una. Porque a mí me gustan los detalles como el tuyo de hoy: “Te llamo luego, que ayer salí y sólo quiero que la vida me lleve” Y sonrío al imaginarte resacoso. Porque cuando yo te quiero lo hago para siempre, porque veo tu bondad entre toda tu mierda, porque me gusta que me abraces al despedirte, como vosotras dos hoy. Porque podría hacer una fechoría por ti, porque lo que digo de ti lo digo en tu cara, porque te adoro, porque me haces reír, porque sufro si tú sufres. Porque jamás y repito, jamás, te haría daño conscientemente. Porque me alegro de tus triunfos y no te envidio. Porque me gustas tal y como eres y, cuando no me gustas, me aguanto. Seguro que a ti te pasa conmigo. Porque aunque me presupongáis siempre, absoluta sinceridad y naturalidad, las pierdo por vosotros. Porque sé que mi verdad no va a sumar y ni siquiera sé qué es la verdad, porque si te digo lo que pienso igual me escupes. Lo mismo que os pasa a vosotros. Si lo sé, tontitos. 

Sé que me amas y aún así podrías estrangularme, normal, nunca dije que fuese perfecta. Soy lo que ves. Pero no olvides algo: nunca engaño, no traiciono y no cambio de opinión sobre lo que tú eres. Porque si no te hubiera conocido mi vida sería otra y a mí me gusta mi vida. Porque todo es mejor si yo sé que tú andas cerca. Porque escojo soledad pero no me siento sola y eso es gracias a ti, a todos. Porque lo bueno de mi vida siempre irá conmigo. No lo he olvidado, tranquilos. Sólo está donde tiene que estar. Dentro de mí.

Ahora dejadme sumar uno más de los buenos y alegraos por mí. Que nos trate bien, queridos míos! Eso es lo que os deseo en el 2017. Y mucho amor…y sexo del bueno para la rubia que vuela. Para todos, qué collons! 

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Escoge una frase

Los que me conocen saben que una de mis frases fetiche es: “La vida da muchas vueltas” Lo certifico. Da tantas que llegas a marearte. ¡Pero mola, eh! Cuando no uso ésta voy con la de “Nada es para siempre, ni lo malo ni lo bueno” La corroboro cien por cien. Yo he estado, desde que tengo uso de razón, en ambos lados de la cama. Hay que saber estar arriba y abajo. Es cuestión de práctica, capacidad de adaptación e instinto de supervivencia. También tengo la frase especial para mis amigos solteros que quieren pareja: “En algún sitio hay alguien para ti pero, no os habéis encontrado todavía, no era el momento” Sé que eso es cierto. Ahora, también es verdad que hay mucho miope suelto.

Cuando era más joven creía en la de “A cada cerdo le llega su San Martín” La dejé de usar por falta de casos contrastados que avalaran dicha frase. Aunque he asistido, con los años, a alguna que otra matanza del porc o porqueta. No me alegra, ni siquiera pensé jamás en ello, pero reconozco haber sentido un cierto alivio. Es como un rollo justicia cósmica. Tiene un punto divertido observar, desde lejos, como cae el edificio entero. No has movido una pestaña para propiciar eso y hasta te compadeces durante un tiempo de la suerte de los porquets. Unos cinco minutos. Sesenta segundos después piensas en lo bonito que es oír,  y a km, ese zasca en toda la boca. Y entonces te viene a la memoria lo de “La vida acaba poniendo a cada uno en su sitio” Y sigues con lo de “Es el karma” Y entonces me aplico eso de “Perdono, pero no olvido” Y es que yo olvido poco, ¡qué le vamos a hacer! Lo bueno, jamás.

Mi hermana me recordó, hace una semana, algo que digo desde que era pequeña: “Todos hemos venido aquí con una misión y sólo tenemos que descubrir cuál es” Ella tenía una misión, que yo le adjudiqué hace infinidad de años, pero soy incapaz de acordarme. Es por la pérdida de neuronas. Desde que me dijo eso intento recordar la mía. Sigo en ello. Creo que no la he olvidado, solo la llevo a cabo, como mejor puedo. Y sin propiciar ninguna matanza. 

Escojo una frase: “Tú me haces mejor persona”. Siempre hay alguien capaz de provocar eso en nosotros, si lo permitimos. 85 y pinta todo el santo día. Ya, me gustan un poco mayores. 

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La sensibilidad de mis letras

Iba a escribir sobre los PAS, personas altamente sensibles, pero no me veo capaz. Tomé notas en mi moleskine una noche que salimos, de una conversación a tres y de lo más profunda, con alguna copa que otra, y dos semanas después no entiendo ni mi propia letra. 

Crean tantas siglas, hay tantos diagnósticos nuevos atribuidos a comportamientos humanos y tantos síndromes de todo tipo, que ya voy perdida con mi nivel de sensibilidad. Lo que tengo claro es que todos somos sensibles ante algo o alguien. Lo extraordinario es que no nos emociona lo mismo,  ni tampoco nos irrita lo mismo. 

Y eso me ha hecho pensar en aquellas personas a las que les importamos. Personas que quizás ni estén en tu vida pero que un día se emocionaron contigo o por ti. ¿Por qué alguien se sensibiliza con tu presencia? ¿Por qué alguien te mira y siente que te quiere? ¿Por qué echamos de menos a unas personas más que a otras? Si lo pienso bien diría que ni siquiera va ligado a lo vivido, ni al tiempo compartido. Es un extraño misterio. Por alguna razón que desconozco somos más sensibles ante unos humanos que a otros. Lo curioso también es que puede que estas sensibilidades no sean recíprocas, o sí. Puede, incluso, que te tengan cariño aquellos que no esperas. Y que pasen de ti, pero cuatro pueblos, aquellos a los que les presuponías un alto grado de sensibilidad hacia tu persona. Todo muy loco. Y todo muy revelador.

Nunca sabemos con certeza qué sensibilidad despertamos en los demás. Ni comunicamos tampoco las que otros despiertan en nosotros. Quizás deberíamos decirlo abiertamente. Con dos cojones y un palito. “Oye, perdona, quería que supieras que soy altamente sensible a tu persona. Me pones muy muy tontona” Y también deberíamos poder decir tranquilamente: “Me sacas de quicio, que corra un poco el aire” A todo el mundo no tiene por qué gustarle el otoño, creo yo. Quizás tu sensibilidad me abrume y la mía te resulte incomprensible, pero a mí eso no me impide ver tu bondad ni tus ganas de vivir. Sólo que nuestras sensibilidades no van de la mano. Así de fácil debería ser, pero nunca lo es.

El otro día un hombre joven me recordó muchísimo a mi padre con una simple frase. A veces voy por la calle y huelo algo que me transporta a los ocho años. Me emociona la luz del atardecer de la primavera. Y hay melodías que me devuelven miles de sentimientos. Se me pone la piel de gallina con una película y puedo excitarme con algo sugerente. Lloro por pena y también por alegría. Definitivamente soy sensible, el grado no lo sé. Y, sinceramente, no me importa. Sigo sonriendo y me sigo emocionando, eso es lo que cuenta. 

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Rajoy, inteligencia extraterrestre

Siempre que se habla del tema de la independencia de Catalunya acabo con dolor de cabeza. No soy independentista y tampoco soy unionista. Y eso no es normal, se ve. A mí me preocupa la sanidad, la educación, la ley de dependencia, el paro, mi madre. No tengo nada en contra del resto de las comunidades autónomas, me gusta la diversidad. Pero no me gustan los corruptos, los imbéciles, los prepotentes, los dictadores y los manipuladores. Sean de mi tierra o de Andalucía. Me da igual si estamos juntos o separados. Quiero lo que decida libremente la gente con la que vivo, trabajo y paso mi tiempo. Por eso abogo por un referéndum. No me importa el nombre del país, me parece bien hablar dos idiomas y ojalá fuesen tres. Sí, soy una mierda de patriota, lo sé. Pero no me castiguéis más por eso, ni unos ni otros. Pido mil disculpas por no creer en banderas y por no emocionarme con himno alguno. Me gusta el cine y la música, ¿eso no sirve como atenuante? Siento que os moleste que me importen mucho más las personas. Y que mis prioridades no sean las vuestras. Lo dicho, soy una mierda de patriota.

A mí me preocupa que la gente llegue a final de mes sin tener que vender un riñón, que un chico de 25 años pueda trabajar, que nadie espere 6 horas para ser atendido en el servicio de urgencias de un hospital. Y me parece una putada que una mujer de 80 años acabe tirada en la calle por la decisión de un banco. Siento no tener más sentimientos y necesidades que estos, pero así de simple soy. Que todo esto cambiará si somos independientes, pues maravilloso. Brindo por ello. A ver si es verdad. 

Las discusiones sobre este tema siempre van cargadas de grandes argumentos, muchos sentimientos, rabia contenida, topicazos, buenas razones, cansancio, ese aire de superioridad con el que caminan algunos por la vida y Rajoy. 

Rajoy es el hombre que más ha contribuido en el tema del independentismo. Una palabrita suya y pumba, 400 más. Estoy convencida de que es de otro planeta. Fabrica independentistas como ropa Amancio Ortega y se carga al PSOE sin mover las pestañas. Eso solo puede ser inteligencia extraterrestre. Sé que puede parecer una teoría algo excéntrica pero no lo es. Mariano observa, acecha a su presa, parece que no está, pero está, y espera pacientemente para ejecutar su próxima misión. Es casi etéreo. Rajoy es un revolucionario, no descarto que en su planeta sean republicanos y quizás hasta practiquen el amor libre. Ahora, y por descanso mental, solo espero que la próxima misión de este ET sea dejar que un pueblo decida si se quiere ir a tomar por culo… o no. 

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Lo que no digo

Nuestros silencios. Lo que no te digo me gusta mucho más que lo que te acabo diciendo. Todo tan irreal como tú y yo. No nos pedimos permiso. Somos un par de ilegales. Te acompaño un rato, te escucho y me voy. Solo venía de visita.

No combinan mis relojes con tu altura. ¿Dónde está tu televisión? No voy a cambiar de acera porque no te guste el fútbol. Te gusta el mar. Mejor. Te voy a seguir la pista pero no prometo nada. A ver si me invita al tacto. ¿Qué me gusta? Lo que me gusta a mí. Ya sabes, a ver. Estoy pensando hacerte un hueco…algún día de estos.

Así vamos, artesano. Ando a mi manera y no podemos asfaltarnos el camino ahora, nos está quedando maravillosamente con todas las piedras. Y, obviamente, (¡cómo te gusta la palabra!) querrías sujetarme en las mañanas, ya…Y yo sigo con mi “a ver” Y tú con tu “eso”. Ven sin afeitar, cuando quieras, sin quizás y…ya sabes. No me quieres retener. Bien. Yo siempre bailo a mi manera. 

Cada vez que hablamos veo el mundo menos enfermo. Has puesto de moda la tranquilidad y la adolescencia. Somos un par de románticos. ¡Bonito, eh! Noches largas. Suspiros y sonrisas. Y nuestros largos silencios en el tiempo, tan bien entendidos. Tienes razón, solo por eso merece la pena. Mañana ya veremos. 

Mientras hablas conmigo, ella se va para siempre. Y ahí seguimos, tú y yo, con esa sana locura del ahora. Se fue mientras los dos nos interrogábamos en silencio. Sin acordarnos de que esa noche todo seguía girando. Todo. Siento mucho tu pérdida. Aquí llueve, en Triana no lo sé. 

El Kanka se inspiró en mí. 😉 A ver…https://youtu.be/l2CRku3vgKY

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Durante toda la noche 

Es curioso como sin pretenderlo aparece en tu noche una bella melodía. Sin querer das con ella. Recuerdas que te invitaron a oirla en el pasado pero, por algún motivo que ni recuerdas, nunca lo hiciste. Y ahí está: sensual, elegante, nocturna y solitaria. No la andabas buscando, pero ella te encuentra a ti. Quizás ya no es relevante, pero tú quieres escucharla. Antes nunca pudo ser y ahora te embarga la curiosidad de saber qué tal suena.

Pasan tantas cosas que no propiciamos. Es como si estuvieran esperando, en algún lugar de este universo, para tocarte la fibra cuando menos las esperas. Te dan la oportunidad de que conozcas algo que en su momento nunca supiste. Son pequeños detalles que forman parte de una historia. Detalles que se perdieron por el camino y que hoy te sacuden por primera vez. Puede que no sean importantes, pero son endiabladamente casuales.

No te oí entonces pero sí esta noche. Una y otra vez. Me fascinas. Eres realmente sugerente. ¿Por qué no te escuché la primera vez que supe de ti? Quizás debía dar contigo hoy y no entonces. Todo es posible. Apareces de la forma más absurda, para traerme un momento ya pasado. Uno muy peculiar y diferente. Está francamente bien tu letra y quizás siempre fue así. Era tan sencillo como eso.  

Estamos cenando allí y tú has pedido que suene para mí. Me vuelves a besar durante toda la noche. Solos tú y yo, sin decir nada. Sensual nuestra aventura. Pasión y amor. Amor soñado. Bonita mezcla. Nos deseamos de una manera irracional durante toda la noche. No hay prisa. Aquí no. Clavo mi mirada en ti y te siento. Sonríes. Seguimos soñando. 

Voy a desayunar. ¡Tengo un hambre irracional esta mañana! Dale al play.

https://youtu.be/D3zBYPzDd-Q

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Las moscas

Las cosas serían diferentes si te llamaras Manolo y condujeras un taxi.

He tenido un día de pm. Sí. A mí la vida me sonríe desde hace semanas y estoy que me salgo. No sé adónde me va a llevar todo, pero tengo un subidón que no lo para nadie. Y mucho menos un par de moscas gordas y negras. 

Siempre hay alguien que te pone al día del estado de las moscas. Que si están en tu lavabo, que si ahora rondan tu basura, que si ahora comen…mucha mosca para tan poca mierda, me parece a mí. Total, que hoy no esperaba que fueras tú, sinceramente. Un abogado, y de tu posición, viendo esas cosas de moscas. Pero a mí la vida siempre me sorprende. ¡Qué le vamos a hacer!

Lo que tú llamas “de maravilla” yo te digo verdad a medias. Porque normalmente siempre habla el que tendría que cerrar la boca. Y entiendo que hay que comer, pero no mentir ni fabular. ¡Qué loco es todo esto de tener que escribir a unas moscas! Ahora no sé si son un par o tres de moscas. Voy despistada con el número. Pero allá voy, lanzada y sin freno. 

Queridas moscas de mierda:  1.- Nunca he comido con vosotras, ni ganas. 2.- No se olviden, señoritas, que esto no es una carrera de velocidad. 3.- Os pediría un lavado de lengua para hablar de mi persona. Lo digo porque siempre estáis liadas con la kaka. 4.- Aviso de que conozco al del Cabo del Miedo. 5.-No olvidar nunca que sin él no sois nadie. 6.- Menos criticar la mano que os da de comer y más huevos para coger la puerta y marcharse. ¡Cagonas! 7.-Me troncho y me parto de la sabiduría popular de las moscas de los cataplines. 8.- La verdad es que sois unas moscas de mierda, pero divertidas y muy imaginativas. Eso está bien, lo que falta de inteligencia lo suplimos con inventiva. 

A ver, que ahora me sabe mal por las moscas. Entiendo que ser mosca y cojonera lleva mucha faena, pero hasta la mosca más mierdosa escoge bien su mierda. Cuidado con ir a mi wc porque yo no soy ninguna de vosotras. Soy buena, muy buena, pero tengo algo que no querréis ver. Y, creedme, nos os gustará verme en acción. Calladitas, que estáis todas más guapas. En serio, a moscas monas no os gana nadie. 

Coca-cola, con mucho hielo. Tú ya sabes, mi amol. No te veo pero te huelo. 
 

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Mírame a los ojos

Me gusta el vis a vis. Verte en la calle, en un bar, en una fiesta o en el gimnasio. Quiero mirarte a la cara desde ya, observar tus ojos, tu boca y cómo gesticulas. Me interesa cómo caminas y si me dedicas una sonrisa. Puedo saber si me gustas o no desde el minuto uno, aunque no tenga ni idea del motivo. Eres tú y no el de al lado, y no sé decirte el porqué. 

En directo. La vida siempre debería ser en vivo y en directo. Te veo, me rozas, te gusto, tú a mí…vamos a seducirnos. Pero en la vida real, no en todas estas aplicaciones agotadoras para el cerebro humano. Hay que salir más a la calle y darle menos a la tecla. Hay que coger el metro (hoy me he hecho 15 paradas de ida y 15 de vuelta, me estreno a lo grande después de mil años) ir a un museo, a una exposición, a una terraza o a la Casa de les Punxes. ¡Quiero ir! Hay que organizar fiestas. Sed buenos con vuestros amigos solteros y presentadles a personas interesantes, a poder ser los que no estén en una app enviando fotos guarras todo el santo día. Abogo, desde ya, por más movimiento fuera del sofá, de la cama y de tu piso. Vamos a bailar un rato, aunque volvamos pronto, pero vamos a movernos. Si vibramos es todo mucho más interesante. Y mírame cuando me veas por la calle, levanta la vista de tu puñetero móvil. ¡Cómo no vas a tener jodidas las cervicales! Te advierto que si sigues así, nunca vamos a conocernos…

Creo que he estado encerrada en una habitación durante los últimos cinco años y no me había enterado. ¿Desde cuándo está tan de moda enviar fotos subidas de tono? ¡Qué tráfico de culos, tetas y miembros hay por todas partes! La gente ya no envía música por los chats, envía penes tamaño familiar. Y luego están los que hacen llegar su cuerpo por partes, rollo Dexter. Ahora abdominales, ahora los dientes, luego viene el culo y zasca, la berenjena. ¡Madre mía! la población al completo enviando calabacines trucados y yo liada con Ludovico Einaudi. Aviso a las mujeres que no entiendan de encuadres que hay mucho plano favorecedor en todo lo que os envían. Si luego es un gusanito, no digáis que no os he avisado. ¡Basta ya de móviles! Tiraos a las calles y hablad como las personas. El móvil nos está idiotizando sexualmente y yo no veo la luz al final del túnel.  

Ahora, eso sí, todo esto de la tecnología tiene su parte divertida y edulcorante. En menos de una semana Ricardo Darín me ha puesto dos corazoncitos en dos tuits y Pérez Reverte me acaba de hacer un RT, aunque no tiene mucho mérito porque el artículo era suyo. No importa, voy a cargar el móvil que esto se pone interesante. 

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Conocerse 

¡Qué bueno es estar solo y en silencio con una media sonrisa! Sentirse bien con lo que hay, con lo que tienes. Se tarda mucho en entender que estar en calma sólo depende de uno mismo. Puedes necesitar años para comprender que no debes depositar tu felicidad en las manos de otro. Esto vale también para la profesión, la familia o los amigos. Absolutamente todas las respuestas que buscamos, a lo largo de nuestra tortuosa existencia, están más cerca de lo que creemos. Se tarda un huevo, y parte del otro, en llegar siquiera a pensar en todas estas cosas, pero para eso está la vida, para encontrarnos y conocernos. Si alguien pensó que transitar por aquí iba a ser fácil, se equivocaba o se engañaba mucho.

Estaba ahora elucubrando sobre esas personas que se embarcan en relaciones imposibles solo por estar acompañadas un año de su vida, o 7 u 8. ¿Qué son 365 días? Días, sólo eso. Que pasan, que sumas y que vives. Pasan a toda velocidad, lo certifico, pero si nunca te detienes y te permites recolocarte, los días son mucho menos días. Son solo 24 horas, nada más. Y deberían ser mucho más que eso. Es curioso como hay seres humanos que siempre tienen que tener a alguien cerca, acaban una relación y empiezan otra. No hay luto alguno. No se resitúan, ni resetean ni dejan ir. También están los que no acaban nada y siguen siempre con la misma mierda. Qué conste que sigo pensando que hay personas extraordinarias por ahí, yo he conocido algunas, pero todo tiene su momento, su tempo y su motivo.

Quizás los que empalman parejas, como el que come una lata de berberechos, lo único que tienen es miedo. Miedo a no encontrar a nadie en su casa los siete días de la semana, a salir por ahí sabiendo que tu única compañía vas a ser tú mismo, a enfermar y no tener a nadie cerca para que te traiga la cena. Puede que todo eso provoque pánico, puede. Quizás sea por eso que muchas personas acaben con lo primero que encuentran. Pero ¿y si no es miedo a la soledad? Igual tienen pavor de ellos mismos, de su particular existencia. Convivir con su propia persona, cada día, les acojona mucho más que aguantar a según quién. Todo puede ser. 

He leído la novela de un amigo en unas horas y me ha hecho pensar en cómo de alucinantes son nuestros mundos interiores. Si a todos nos diera por escribir, aprenderíamos mucho más de quiénes somos. Porque detrás de la imaginación siempre estamos nosotros. Puedes hacer pasar lo que quieras por fantasía, pero detrás de cada palabra hay un sentimiento, un deseo, un reproche, una frustracion, una declaración de intenciones y una gran verdad. La escritura debería formalizarse como terapia. 

Es por todo ello que detrás de todo lo que escribo estamos mi gran imaginación y yo. Brindo por un verano al que no le queda mucho y en el que, afortunadamente, me he conocido un poco más. ¡¡¡Hasta la próxima!!!

 

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Dormir o volar

Me gustaría saber qué haces cuando no puedes dormir. Te levantas de la cama y vas al baño. Enciendes la televisión. Vas a buscar algo a la nevera, o no haces nada y te limitas a quedarte tumbado viendo pasar las horas. ¿En qué piensas? Y no me digas que en nada. Todo el mundo piensa en algo cuando no concilia el sueño. Y tú no eres tan diferente. Cierto es que algunos piensan menos que otros, afortunadamente para todos.

Yo escribo. A veces, pienso en ti. Tú podrías ser cualquiera. Me pregunto si te masturbas cuando no puedes dormir. Es una opción. ¿Siempre piensas en la misma persona? Puede que no pienses en nadie y sea, simplemente, un acto mecánico. Te vistes y sales a la calle. Yo no lo he hecho nunca. No lo veo viable. 

Puede que pintes. Y quizás hasta grabes algo. Te dedicas a espiar a través de las redes. Yo lo he hecho, pero me canso muy rápido. Las chorradas de los demás me suelen interesar mucho menos que las mías. A ver si vas a ser de esas personas que miran a Esperanza, el movimiento de sus manitas y escuchan atentamente el horóscopo. O, quizás, juegues al póker online. No duermes porque te duele algo. Puede ser. Una muela. Eso es una putada y de las gordas. ¿Tú bebes para ver si coges el sueño? Si es por la muela, puedo entenderlo. A ver si vas a ser de los que cocinan a las tantas. No sé qué haces. Pero ahora mismo me encantaría saber qué hace la gente cuando no puede dormir. Seguro que algunos hacen cosas increíbles, divertidas, raras…o inapropiadas. Hay gente tan creativa, ¡qué envidia!

Sería un punto poder volar cuando no puedes dormir. Ir a dar una vuelta a toda velocidad, rollo Supermán, pero sin que te fastidie el vuelo Lex Luthor. ¡Ah! y sin tener que llevar mallas, son pésimas para la circulación y yo ya paso de los 40. 

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El bueno, el feo y el malo

El otro día alguien me dijo lo siguiente: “Te das cuenta de que nos cuesta reconocer la maldad en la gente que tenemos cerca. Aquellos con los que compartimos cenas, esos con los que tenemos algún tipo de vinculación o sentimiento, al final, nunca pueden ser los malos de la película. ¿Por qué esas personas no pueden tener maldad? ¿No pueden ser malas, aunque realmente lo sean, solo porque nosotros las conocemos? Acabamos diciendo al mundo entero que son buenas y ¿realmente lo son? Igual sí son malas y perversas. Quizás hagan daño por placer y hasta puede que disfruten. Incluso puede que se aprovechen de nuestra bondad porque no somos como ellos. ¿Nunca lo has pensado?”

Sí, lo he pensado, unas cuantas veces. Pero resulta complicado de digerir. Claro que la maldad existe, igual que existe la bondad, pero por algún motivo, que yo desconozco, no queremos aceptar que personas a las que conocemos entren en la repudiada categoría de “malas personas” Y siempre acabamos con el mismo discurso: “Eso que hizo no estuvo bien, pero no es malo. No lo hace con maldad” Ya. No lo hace con maldad, pero lo hace. Y algunas personas son tremendamente reincidentes. No hay maldad porque no creemos que haya premeditación y alevosía. Pero la realidad es que, seguramente, con los mismos hechos no la juzgaríamos igual, si no la conociéramos de nada. Puede que lo único que diferencie a unos villanos de otros sea su grado de maldad. 

Me considero buena gente y presumo, siempre, de estar rodeada de seres humanos que merecen la pena. Y lo sé porque hay algo que define a los míos, que son pocos pero intensos, por encima de los demás: hablo de honestidad. La dan y la piden. Y, por lo tanto, se la merecen. Así que mis amigos, mi gente, esos en los que confío porque no meten puñaladas traperas, son los buenos, son mis héroes. Y son auténticos. 

Lo siento por el que piense lo contrario pero los míos nunca son malos, creo que sólo cometen errores, igual que yo. Ahora, también es verdad que hay errores del tamaño de la Sagrada Familia. Perooooo, nunca será lo mismo cometer un error que actuar de villano en una serie. ¡Ah! Me falta encontrar un feo, más que nada porque lo he puesto en el título. Así que el feo vas a ser tú, básicamente porque estoy cansada de oír tu nombre. 

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Mujer contra mujer 

Dicen que la peor enemiga de una mujer es otra mujer. A mí, así de entrada, me da una pena terrible la frasecita pero tengo que reconocer que, en ocasiones, es verdad. No hay peor machismo que el que ejerce una mujer contra otra. Y es asqueroso. Estamos en pleno siglo XXI y todavía existen mujeres que culpan a otras féminas de todo lo malo que les pasa en su vida. 

Si tu marido te la pega con otra y eso te pone de los nervios tienes dos opciones: dejarlo o asumirlo. Yo lo he hecho, lo primero, para lo otro igual me faltan años o un par de reencarnaciones más. Todo se andará. Ahora, lo que no he hecho nunca es culpar a la tercera en discordia. A mí qué mierdas me importa la otra si no la conozco, no me he casado con ella ni espero que me respete. No me debe nada. Así que no espero nada. La idea de una mujer que no sea yo con mi pareja no me gusta (con un hombre menos), pero lo que no hago es ponerme en ridículo atacando a nadie. Y menos a una mujer. 

Mujeres machistas del planeta, si buscáis respeto empezad a pedirlo en vuestra casa. Y, si necesitáis explicaciones, las mejores fuentes de información suelen dormir en vuestra misma cama. No sé si son las más fiables pero son las que tienen más datos. Lo digo por su grado de implicación como parte activa de la historia. Y si no os convence la cosa, pues no sé, esto ya va a gusto del consumidor.

Luego están esas mujeres que juzgan a otras por su sexualidad. Y machacan, insultan, hacen trajes y no lapidan porque no tienen piedras a mano, ¡menos mal! Pero qué collons os importa a vosotras la vida sexual de nadie. ¡Plastas, que sois unas plastas! Ya me gustaría saber qué hacen todas éstas que van de recatadas por la vida. Creo que vamos a tener que empezar a beatificar y no tenemos iglesias para tanta santa. ¡Oh señor, qué tontería por todas partes y cuánta pedorra junta!

Vivo pegada a las series del Yomvi para no ver cosas que no debo, pero hoy cometí el error de mirar un programa de televisión que no procedía. ¡Cagada pastoret! Y, por cierto, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.  

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Lluvia de verano

Me gusta la lluvia en verano. Es especial. Es de esas cosas que no tocan, que nadie espera y pasan. Lo inesperado es sorprendente. Me fascina oír la lluvia, los truenos, ver ese cielo que poco corresponde con esta estación. Y si además me pilla en casa, disfrutando de una de las dos novelas de amigos que he prometido leer, la lluvia resulta casi orgásmica. 

Me fascina el agua en todas sus formas. Si algún día saco el valor de algún sitio y me hago un tattoo será el de mizu. Es una letra japonesa que significa agua. Siempre he pensado que la lluvia es musical. Ese tintineo en las barandillas que va variando según el humor de su protagonista. Ahora grito con fuerza, ahora me relajo. Y los truenos parecen mensajes. Es como si alguien quisiera hablar contigo pero no dominara tu idioma. Te habla pero no le entiendes. A veces, pasa. Lo de te escucho pero no te entiendo es algo muy recurrente. 

La lluvia juega con nosotros. Y en verano más. Sales a la calle medio desnudo, sin paraguas y zasca…te cae en toda la cabeza. A mí no me importa mojarme en verano, es más, me gusta hacerlo. La verdad es que yo me mojo mucho por todo lo que me interesa, durante todo el año. Me gusta tanto la lluvia en esta época, que he estado a un tris de salir a la calle, mirar hacia arriba y sentirla. Quería vivir de nuevo lo de que el agua te empape la ropa, quería que la lluvia resbalara por mi cara, subir a casa con el pelo completamente mojado. Pero me he rajado y he hecho otra cosa mucho menos osada. ¡Qué rollo es hacerse mayor y no dejar que la lluvia te cambie la vida durante unos minutos!

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Pequeña Luna

He leído en Twitter que hoy es el día del perro, no tenía ni idea. Lo que descubres en las redes sociales. Así que esto va por ti, pequeña Luna. 

Recuerdo el día que te vi por primera vez. Me pareciste feíca, pero solo fue una mala y errónea impresión. Espero que puedas disculparme. Soy humana y me precipité. Tan negra, tan pequeña, con ese pelo tan duro y ese genio con los gatos. Venías de no sé qué país y con tus papeles de rancio abolengo. ¡Qué graciosa has sido siempre con esos andares! Curiosa, veloz, intrépida, peleona, juguetona, valiente y muy amorosa, sobre todo con los humanos.

No sé si lo recuerdas, pero ella cambió su vida y te llevó de su mano. Si supieras lo importante que fuiste en todo momento. Juntas habéis compartido paseos, vacaciones, sentimientos y mucho amor. Te recuerdo bañándote en el mar, con Ron y mi amada Sammy. Michael Phelps hubiera tenido competencia si llegamos a lanzar algo en una piscina. Nos has hecho reír tanto y nos has acojonado vivos, enfrentándote a perrazos de 50 kg. Fuiste siempre la mejor compañía para Mom y ella también supo cuidar de ti. Gracias Luna, por haber sido tan buena con ella. 

No me gustaba verte así, mayor, cansada y con dolores, pero ella ha luchado por tu vida hasta el final. Lo entiendo. No quería que te fueras. Pero tenías que marcharte y te has ido cuando tú has querido. Ahora no sé si han sido 19 o 20 años de vida, me he perdido con ese detalle, pero nunca pensé que llegaras tan lejos. Desde cuándo un perro vive tanto. Ahí también me precipité. Eras mucho más dura de lo que nunca pude imaginar. ¡Toda una campeona!

Dejas un vacío grande, aunque el mayor es el que siente ella. Has sido mucho más que un animal de compañía, eras uno más de la familia y, para ella, lo has sido todo. Ve a estirar una cuerda con Ron y vuelve a pelear con Sammy por la pelota, pero no le hagas daño, por favor, recuerda que era, y será, mi mejor compañía. Hasta siempre, pequeña Luna. ¡Se te va a echar de menos!

 

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Invasión de dignidad

La dignidad se está poniendo de moda. Sí, qué fuerte. No quiero decir con ello que haya un aumento considerable de gente digna. No. Tampoco hablo de miles de manifestantes recorriendo las calles con pancartas y camisetas con el lema: “Yo soy digno” Pero certifico que hay un boom de expertos en dignidad. Nos están invadiendo, por todos lados, auténticos doctores en la materia. 

Requisitos para ser dignos: señores y señoras cultos, preparados, con carreras y 57 tesis a sus espaldas. Son tan especiales que acaban obteniendo títulos universitarios gratis, sobre todo el que más se regala es el de periodista, es lo que tiene ser superdigno y con mucha personalidad, que no hace falta que vayas a la universidad. Son todos tan intachables, oyessss. Suelen ser humanos con pocos prejuicios (uno o dos), no son nada machistas (para nada), suelen tener una dicción que ni Constantino Romero, siempre hacen bien su trabajo (las 24 horas del día), sinceros y muy muy imparciales (en grado superlativo) A estos no les sobra ni les falta un pelo. Solo ellos saben quién tiene o no dignidad. Son los elegidos. Y ellos, claro está, rezuman dignidad por todos los poros de su piel. Los expertos en dignidad seguro que me han pillado la ironía, porque como son superlistos y lo saben todo de todo el mundo. 

¡Anda ya con tanta hipocresía! La dignidad no va ligada a la clase social ni al dinero. No va de la mano con el trabajo que desempeñas y no la pierdes por con quién te metes en la cama. La dignidad empieza por respetarte a ti mismo, por valorarte y por vivir tu vida desde la sinceridad. A ver si entendemos que la dignidad no casa con la doble moral. Y mucho menos con la mentira sistemática. La dignidad o se tiene, o no se tiene. Así que vamos a ir quitando máscaras, vamos a dejar de tocar la gaita a quién no toca y vamos reduciendo el nivel de falsos dignos. Porque no hay Dios que se crea que, de repente, haya tantos dominando la materia. Que el movimiento se demuestra andando, a ver si queda claro el concepto. 

Cierto es que todo esto de la dignidad ha sido, y será siempre, algo muy subjetivo. Pero, oye, que no pasa nada. Si tu dignidad flojea, mira para otro lado (eso lo dominas) y amplía un poco más tus tragaderas. Las vueltas que da la vida…y esa diminuta dignidad de la que presumen muchos. Inhala y exhala, eso siempre ayuda.

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Un viaje imaginario

Hace calor. Otra vez. Un nuevo verano se apodera de todos nosotros: cortinas abiertas, pisos expuestos, terrazas activas, las discusiones de luna llena, los lloros de la hija del vecino por el carnet de conducir, las conversaciones subidas de tono, los gemidos múltiples, el mar, las barbacoas con amigos, las sombrillas, los pies, un aumento considerable de vida social y tú. 

¿Qué vas a hacer este verano? No podré ir contigo, pero yo siempre he tenido mucha imaginación. Si te bañas en el mar, hazlo desnudo. Por la noche te prometo que te gustará todavía más. Siente el sol en tu cuerpo y usa protección. Bebe un mojito a mi salud y toca un delfín por mí. Si buceas no dejes de oír el silencio. Recoge las conchas y piedras más bonitas de la playa. Y si bailas, siente la música. No dejes de reír. Y que nadie te fastidie tus vacaciones, y mucho menos un guía apestoso que reza a todas horas. Te lo digo por experiencia. 

Viaja solo o acompañado, pero viaja. Vive cosas por mí. Saca una foto chula de un atardecer y me la envías. También me vale un amanecer. Conoce a alguien, besaos, caminad de la mano y…tú sabrás. Ve a un garito con buena música y déjate llevar. Recorre una calle sin miedo, prueba platos raros, sube una montaña y grita. Deja la guía un rato, no lo planifiques todo, camina sin rumbo y abre bien los ojos. Piérdete. Los mejores rincones son los que descubres tú solo. Recuerda lo que ves y luego me lo cuentas. Si no te entienden, improvisa, usa el lenguaje de los signos, eso siempre ayuda. Descansa donde quieras y descálzate. Vive cada minuto y bébete otro mojito por mí. Habla con la gente, deja que te cuenten y regatea. Cómprate algo que te guste, no hace falta que sea caro, y póntelo. Haz algo que nunca hayas hecho. Pierde el miedo y recuerda que sólo tienes una. Y es tu vida. 

Mira la luna llena y piensa en mí, cinco minutos. Estaré sonriendo y bañándome en el mar. El próximo verano yo me voy y tú imaginas. Bon voyage!!

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Si te aburres, contra la pared

Leía algo sobre Quimi Portet (El último de la fila) y un camarero de Balearia y, a la vez que pensaba “quina poca feina tienes que tener para tocar los huevos de esa manera”, me acordaba del impulsor del Brexit, que ha dimitido oye. ¡Qué cosas, verdad! Otro que debía de estar aburrido cuando tuvo la maravillosa idea de apoyar la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Qué extraño es el aburrimiento, sobre todo en la niñez, pero a esa edad me parece hasta lógico. En el caso de los adultos lo encuentro más peligroso. Cuántas salidas de tono serán provocadas por la desidia. Cuántas imbecilidades se harán por aburrimiento. Cuánta tontería sale de la ínfima mente de un/una petardo aburrido que aburre. Cuántas discusiones se habrán iniciado porque uno, o los dos, estaban sin saber qué hacer. Por no hablar de los que se aburren y se ponen creativos. Como no saben cómo invertir su tiempo, empiezan a elucubrar maneras de tocar un poco la cresta del vecino. Ven cosas donde no las hay y, cuando se quieren dar cuenta, han montado un pifostio de dimensiones faraónicas.

Ahora me viene a la mente algo que siempre me decía mi padre cuando, de niña, le decía que me aburría: “Si eres incapaz de encontrar nada con lo que distraerte, prueba a darte coscorrones contra la pared” Nunca lo probé, entendí el concepto sin abrirme la cabeza. Mi padre convencía y sin levantar la voz. Pero, quizás, a más de una persona le iría bien darse contra la pared, por lo del aburrimiento, digo. 

Igual soy una privilegiada pero yo me aburro muy poco. No sé muy bien de qué depende, pero hay tantas cosas con las que distraerse. Así que no entiendo a todas esas personas que dicen constantemente que se aburren, o que no sabrían qué hacer si no fueran a trabajar 8 horas diarias a su empresa, esos que alargan las jornadas para no volver nunca a su casa. Los empresarios estarán muy contentos con ese aburrimiento existencial de algunos. Cada día entiendo más a esa gente que dice que trabaja para vivir y no vive para trabajar. Esos no se aburren, me apuesto lo que sea. El aburrimiento lo inventó uno muy simple, seguro, y espero que no estuviera forrado, porque entonces es para llorar y no parar. Si yo fuera rico, tarararara ra ra ra rá…a mí no me encontrabais. 

Siempre me rindo ante Manolo García. https://youtu.be/0BwbKVzQV6E

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En los límites de la realidad

Pensaba que al levantarme hoy habría envejecido, o me habría salido una urticaria en la cara, o habría un aumento considerable de celulitis en mis glúteos, pero no. Sigo igual. Y está mal que yo lo diga pero me he visto monísima esta mañana. Cierto es que sigo un poco flipada por todo lo del domingo, Rajoy tiene efectos psicotrópicos, pero mi organismo no ha sufrido cambios y mi bolsillo sigue igual de vacío. Así que no descarto estar en un capítulo de “En los límites de la realidad”.

¿A quién queremos engañar? Si se veía venir. Población envejecida+elevado número de invidentes morales+ acojonados con los cambios+joder, joder que van a convertir España en Venezuela+coletas queriendo ser el prota indiscutible+ese himno latino del PP+sí se puede ganar(copiar lemas es feo), en votos y en corrupción+ te presto mi parte trasera a cambio de un Rolex+los únicos que pueden crear trabajo son los de derechas+me meo en tu cara y parece que te gusta= el PP obtiene 137 diputados. Era una operación matemática perfecta.

Así que no, no hay sorpasso que valga porque en este país la gente miente más que habla. A todos aquellos que os han preguntado a pie de urna y habéis mentido cual bellacos, creando falsas ilusiones a los gilis como yo, deciros que sois unos falsassos de tres pares de cojones. Y creo, también, que alguien de las empresas que hacen las encuentas debería pagar por este fraude. Quiero que me indemnicen por joderme la ilusión.

La verdad es que, aunque me pese, en España siempre ha habido dos deportes nacionales: la envidia y decir una cosa y hacer otra. ¡Así nos va! Estoy estudiando retirarme a Costa Rica, a medio plazo. Vivir con los animalitos, comer frutas…hacer uso de la tirolina extralarga. Estoy hasta los cataplines de tantas elecciones, de recibir propaganda en mi buzón, de la mierdosa reforma laboral, de los recortes, de esa huelga del metro que al único que afecta es al usuario (y eso que yo no lo uso), de oír esos rollos que nos cuentan, todos, de los debates televisados, de lo rápido que pasa la vida y de cómo nos la complican entre unos y otros. Yo ya he avisado!! Y yo soy de todo menos falsassa. Voy a seguir actuando en mi capítulo de hoy porque todo esto no puede ser real.

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Una vuelta alrededor del sol

Si cierro los ojos, puedo verte. Lo curioso es que si los abro, no estás. Debes de andar liado. Seguro. Va a ser eso. Aunque, si lo pienso bien, llevas liado unos cuantos años. Lo entiendo, yo también he estado algo ocupada, era lógico después de todo. Es lo que tiene la vida, que te lías, te lías y, cuando te quieres dar cuenta, estás más liado que la pata de un romano.

He viajado por el mundo sin ti. Y he buceado. Me perdí en New York y tú no estabas. Pero, afortunadamente para mí, me encontró otro. He volado con los de Red Bull. Y lo de la pasión turca diría que no es invención, creía que Gala tenía mucha imaginación, pero va a ser que no. He visto cosas que tú no creerías. Esto es coña. No, no es coña. ¿Por qué nunca viajamos juntos? No lo entiendo. No nos movimos de esta ciudad. Espera, una vez cenamos en otra. Fue bonito el reencuentro, ¡eh! Si no te acuerdas, no pasa nada. Tú disimula. Ya me acuerdo yo por ti. Y no me jodas la historia que me está quedando monísima.

No sé si lo sabes, pero me volví a enamorar. No tengo claro si una, dos o tres veces. Lo del amor es mucho más confuso que Confucio (esto es un chiste para mi amiga Sol) Pero espero que entiendas que no me quedó otra. Tenía dos alternativas: enamorarme de nuevo o acabar como la loca esa del muelle de San Blas, la de Maná. Y pasaba de andar por ahí, en mitad de la noche, con un camisón zarrapastroso y los pelos alborotados. ¿Tú te enamoraste? Seguro que sí. Hiciste mucho más que eso. Y me alegro por ti.

Quiero comunicarte que he decidido, de manera unilateral, que nos debemos un viaje. Te dejo escoger destino, para que veas que soy generosa. Tú ve pensando. Imagina un lugar bonito para ir conmigo y comunícamelo. Tómate tu tiempo, porque si no es en ésta, lo hacemos en la próxima. Yo no creo que vaya a liberarme de la rueda de Samsara así que, a malas, te espero en la siguiente. Tú patina en algo, comete algún error, porque si te libras de la rueda del karma y no pasas a la siguiente, me jodes el viaje. ¿Me sigues?

En nada volverás a dar una vuelta alrededor del sol, otra vez, y sigues teniendo una preciosa sonrisa. Crec que la meva felicitació es mereix uns bitllets d’avió amb un sol destí: illa perduda. Petons!!!

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El fútbol y la marihuana

El fútbol. Ese deporte que mueve millones y millones de euros. En fichajes, en derechos de retransmisión, en contratos publicitarios, en nóminas de periodistas. Y, como ya presuponíamos muchos, en fiestas lúdico-festivas muy poco saneadas. Oh, el fútbol, esa estupenda amante con la que llegan al orgasmo muchos, los mismos que nunca llegan con su pareja si pierde su equipo. ¡Cuánto poder encierran esos 22 pantalones cortos entre sus piernas!

Lo confieso. He ido al Camp Nou unas cuantas veces, he visto muchos partidos del Barça por televisión y he celebrado los goles como buena culé que soy. Pero por algún motivo que desconozco, cada vez me interesa menos este deporte. Ahora solo veo los llamados partidos decisivos. Y eso si no tengo nada mejor que hacer. Ya, esfuerzo cero, pereza en aumento. Estoy sufriendo una mutación, fijo. Ahora, eso sí, me sigue gustando mucho Iniesta, me cae bien Alves y creo que Guardiola y Luis Enrique son dos pedazos de entrenadores. Pero me produce asombro y algo muy cercano al asco ver a gente dándose de hostias en Marsella. Y todo por el fútbol, no por la marihuana. Esos trogloditas que han tomado las calles, borrachos y armados, no han podido seguir los pasos normales en la teoría de la evolución. Se hacen llamar hombres, pero yo no lo veo claro. He visto a monos mucho más evolucionados.

Hoy oía en la radio que el país se iba a parar para ver el partido de España. Y he pensado que el país andaba algo parado, pero desde hacía años. He imaginado a millones de parados viendo el fútbol. Y me he dicho: “¡España no está parada, solo está jugando a la pelota! Y ya como que me he quedado más tranquila.

Sí, señores y señoras, estamos endrogados con la pelotita pero no legalizan la marihuana, algo que no entiendo. Lo digo porque los efectos secundarios de la Eurocopa es darse de hostias, romper sillas, tiendas, bares, pegarle un bofetón a uno de tu equipo, porque ya no sabes ni a quién le metes, beber hasta creerte Espartaco e intentar matar leones que sólo son aficionados. Diría que la marihuana tiene menos efectos secundarios…diría. Pero no soy médico e igual voy algo errada.

Y lo más asqueroso de todo este tema de la pelota, la portería y los pantalones cortos, es que existan unos individuos, que teniéndolo todo en la vida, utilicen el dinero que han ganado con el sudor de sus piernas para obtener sexo con menores de edad. Si se demuestra que esos hechos son reales, y que están implicados famosos y ricos jugadores, no miren a la portería contraria, por favor. Miren donde toca y abran los ojos, a ver si resulta que van todos emporrados. A eso se le llama abuso sexual y es un delito. Aquí y en Francia. Jueguen la Eurocopa o el trofeo de Villaviciosa. Siguen 0 a 0 y prevalece la presunción de inocencia. Bien, tenemos tiempo…de legalizar la marihuana. Acaba de marcar Piqué, pase de Iniesta, claro.

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